dissabte, 4 de novembre de 2017

Burbujas

Últimamente nos hemos acostumbrado a oír hablar de “burbuja” como la subida anormal y prolongada del precio de un producto que se aleja cada vez más de su valor real. Este tipo de burbuja representaría algo artificialmente inflado y vacío de contenido, y en este sentido destacan la burbuja económica o financiera, pero sobretodo la burbuja inmobiliaria.

Recientemente, los hechos acaecidos nos han acercado vertiginosamente a otra definición del este concepto, que sería el de la burbuja política: iniciativas que pueden llegar a movilizar a cientos de miles o incluso millones de personas, pero carentes tanto de un contenido teórico sólido como de argumentos legales o de propuestas factibles, maduras o solventes como el movimiento independentista catalán.

Pero como todas las burbujas, también ésta corría el riesgo de estallar. En este caso, la huida del ya expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont para evitar responder ante la justicia de los hechos realizados es el máximo ejemplo de como se ha desinflado rápidamente una enorme burbuja en torno a la cual había prendido el discurso independentista, construida e inflada a lo largo de bastantes años en base a la necesidad de reivindicarse frente a una realidad española de la que –decían- había que desvincularse y que fue ganando terreno en la esfera pública hasta dividir por la mitad a los catalanes.

Al final el tiempo ha dado la razón a los que alertaban contra este desastre realizado en la sociedad catalana: la falta de una mayoría favorable a la independencia ya era motivo suficiente para no transitar el camino a la desconexión, de la misma manera que ésta reclamación no podía ser el objetivo único ni la cuestión primordial en una sociedad en la cual éste sólo debía ser el último de los recursos al carecer de esa base social, teórica y también legal.

Afortunadamente, hay otras propuestas que no han dejado de trabajar todo este tiempo para seguir tratando de encontrar fórmulas que reconozcan la personalidad nacional catalana, mediante una reforma de la Constitución Española que establezca una relación federal entre Cataluña y España que reconozca sin temor el carácter plurinacional, haciendo compatible la unión con la autonomía de las naciones federadas y que concite un consenso mucho más amplio que la -ya desinflada- burbuja del independentismo.

El próximo 21 de diciembre tendremos la ocasión de poder apostar por ello. Y sin burbujas.

dissabte, 7 d’octubre de 2017

¿Hablamos?

Independientemente de cualquier posicionamiento político, es fácil tener la sensación de que la relación entre Cataluña y España -que llevaba bloqueada demasiados años- se está acelerando y que cada día las noticias se suceden más rápidamente.

Tanto es así, que quizás en el momento en que se publiquen estas palabras ya queden desactualizadas. Hoy por hoy, se ha proclamado el lunes 9 de octubre como el día probable en que sea declarada la independencia. Por lo tanto, es posible que mientras lee este artículo, aún se esté a tiempo de hallar una salida a esta confrontación ante la que cada día todos perdemos aún más. 

De esta realidad, queda poco decir ya. Sobran los adjetivos para calificar esta fractura cuyas consecuencias siguen siendo imprevisibles, caracterizada por la ausencia de acuerdos desde hace ya años entre la visión homogénea, inmovilista y recentralizadora del gobierno del Estado, y  la voluntad separatista, unilateral e ilegal del gobierno de la Generalitat, fractura que durante los últimos días se ha agravado extremadamente como consecuencia de la ruptura de la legalidad en el Parlament por parte de éste último, pero sobre todo por la desproporcionada e inaceptable actuación policial que trataba de impedir una movilización sin garantías y que ya carecía de validez jurídica.

Ante estos hechos, quizás sólo haya una única solución para mantener la unión civil de una sociedad caracterizada por poseer un carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe, pero que respecto a la independencia se divide casi a partes iguales. ¿Cuál es esa solución? Sencillamente, aquella que frente a una unilateralidad y desobediencia -que no nos han llevado a ninguna otra parte más que a conflicto y ruptura- incorpora las diferentes perspectivas en torno a un consenso que permita la convivencia mediante el acuerdo.  

Definitivamente, sólo a través de un proceso de diálogo, de negociación y de pacto, se podrá construir una alternativa que permita compartir identidades y diseñar un proyecto común entre ambas partes, sustentado principalmente en la mejora del autogobierno y la financiación además de otras propuestas a partir de las cuales iniciar un proceso de aproximación mutua que dé respuesta a la pluralidad de sentimientos e identidades nacionales desde el respeto y la diversidad.

¿Hablamos?

divendres, 23 de juny de 2017

Regulemos la maternidad subrogada



Muchos no lo recordarán, o ni siquiera lo habrán vivido. Pero antes de la regulación del aborto, una de las opciones ante un embarazo era el clásico viaje a Londres para las que se lo podían permitir, pues las menos afortunadas a veces no tenían otra opción que utilizar otras alternativas más arriesgadas, insalubres y oscuras.

Entonces llegó la regulación. Y puedes estar a favor o en contra del aborto, pero al menos existe la posibilidad en caso necesario y además a nadie se le obliga a realizarlo si no lo desea. Algo similar ocurre con la maternidad subrogada, y como en el caso del aborto es necesaria una regulación por varios motivos.

El primer motivo es precisamente para asegurar las condiciones en las cuales se lleva a cabo. Ofrecer garantías y condiciones tanto en el acuerdo de subrogación como en la gestación y en el momento del parto, así como el reconocimiento de los padres intencionales como los padres legales del niño aun antes de su nacimiento. Así, la regulación ofrecería un marco de seguridad ante las problemáticas de tipo técnico pero también de tipo social, ético y legal, evitando a la vez la discriminación de aquellas personas que no se pueden costear el tratamiento fuera de nuestras fronteras y atajando el flujo de familias hacia países donde no se garantizan con claridad los derechos de las mujeres gestantes.
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En segundo lugar, la regulación impediría que se comercialice con algo tan delicado y personal como es la maternidad y la reproducción. Dejaría así de responder a ese criticado y erróneo concepto de "vientre de alquiler" tan alejado del que tendría que ser el verdadero propósito de la maternidad subrogada, haciendo así que esta práctica sea simplemente la oportunidad de poder realizar el sueño de formar una familia.

Y por último pero no por ello menos importante, una razón que por sí misma ya justifica toda una regulación: es necesaria sobre todo para proteger los derechos de los niños fruto de esta maternidad. Estos niños no son "ilegales" y la normalización reforzaría el respeto de sus derechos como cualquier otro niño incluyendo su acceso al registro civil y el de conocer su origen biológico, además de la prevención de otros efectos secundarios no menos importantes como el bullying. 

Previamente a esta regulación, como sociedad hemos de reflexionar y debatir en torno a este tema que -por las implicaciones que presenta- no deja de ser controvertido y delicado.

dissabte, 1 d’abril de 2017

Dóna'm 24 hores més


Sovint, molts de nosaltres tenim la impressió que a vegades no és suficient amb dies de 24 hores. A més de la dedicació obligada per motius de feina o estudis, hi ha moltes altres activitats que omplen la jornada comportant-se com si es tractés d'un gas que s'escampa per ocupar tot l'espai que li deixen lliure. I això sense comptar amb els anomenats 'lladres de temps' que no es poden preveure ni -dissortadament- evitar.

Per aquest motiu, recentment han sorgit diverses iniciatives que pretenen racionalitzar els horaris. Ja són més d'un centenar els municipis catalans que formem part de la Xarxa per la Reforma Horària, entre ells Sant Cugat del Vallès, i també s'han pogut trobar algunes altres com diferents iniciatives parlamentàries, tot i que entren en conflicte amb la tan negativa però vigent reforma laboral ja que limita el marc d'aplicació d'algunes de les seves mesures, sobretot les referents als horaris laborals.

Parlant d'horaris laborals, a priori sembla que aquest àmbit és aquell en el que més es pot fer per racionalitzar els horaris: compactar la jornada laboral fent-la a la vegada més flexible és un molt bon primer pas. Però hem d'anar més enllà, i som nosaltres, com a ciutadans, els que hem de començar a portar a terme i a desenvolupar les pràctiques quotidianes que donaran lloc a l'aplicació de facto d'aquesta reforma.