divendres, 23 de juny de 2017

Regulemos la maternidad subrogada



Muchos no lo recordarán, o ni siquiera lo habrán vivido. Pero antes de la regulación del aborto, una de las opciones ante un embarazo era el clásico viaje a Londres para las que se lo podían permitir, pues las menos afortunadas a veces no tenían otra opción que utilizar otras alternativas más arriesgadas, insalubres y oscuras.

Entonces llegó la regulación. Y puedes estar a favor o en contra del aborto, pero al menos existe la posibilidad en caso necesario y además a nadie se le obliga a realizarlo si no lo desea. Algo similar ocurre con la maternidad subrogada, y como en el caso del aborto es necesaria una regulación por varios motivos.

El primer motivo es precisamente para asegurar las condiciones en las cuales se lleva a cabo. Ofrecer garantías y condiciones tanto en el acuerdo de subrogación como en la gestación y en el momento del parto, así como el reconocimiento de los padres intencionales como los padres legales del niño aun antes de su nacimiento. Así, la regulación ofrecería un marco de seguridad ante las problemáticas de tipo técnico pero también de tipo social, ético y legal, evitando a la vez la discriminación de aquellas personas que no se pueden costear el tratamiento fuera de nuestras fronteras y atajando el flujo de familias hacia países donde no se garantizan con claridad los derechos de las mujeres gestantes.
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En segundo lugar, la regulación impediría que se comercialice con algo tan delicado y personal como es la maternidad y la reproducción. Dejaría así de responder a ese criticado y erróneo concepto de "vientre de alquiler" tan alejado del que tendría que ser el verdadero propósito de la maternidad subrogada, haciendo así que esta práctica sea simplemente la oportunidad de poder realizar el sueño de formar una familia.

Y por último pero no por ello menos importante, una razón que por sí misma ya justifica toda una regulación: es necesaria sobre todo para proteger los derechos de los niños fruto de esta maternidad. Estos niños no son "ilegales" y la normalización reforzaría el respeto de sus derechos como cualquier otro niño incluyendo su acceso al registro civil y el de conocer su origen biológico, además de la prevención de otros efectos secundarios no menos importantes como el bullying. 

Previamente a esta regulación, como sociedad hemos de reflexionar y debatir en torno a este tema que -por las implicaciones que presenta- no deja de ser controvertido y delicado.